martes, 12 de julio de 2011

¿Qué votaron?

Soy inexcusablemente porteño. De modo que, tal como dicen, "a confesión de parte, relevo de pruebas". Tengo casi todos los vicios propios a mis conciudadanos. Suelo, y me equivoco, creer que vivo en el ombligo mismo del país. Aún cuando los que me conocen podrían dar fe de mis eternas ganas de emigrar de esta ciudad endiablada, sus calles húmedas, sus semáforos, sus olores y sabores, su pálida madrugada de transeúntes apurados, sus colectivos cada vez más grandes y cada vez más seguido, sus multitudes...son todas buenas razones para sentirme en casa. Conozco algunas ciudades del mundo, me es difícil encontrar otra que me interpele, me exija creatividad, me desafíe como ésta.
Sin embargo, me avergüenza.
Mis vecinos me avergüenzan. ¿Qué es lo que votan?
No reniego de la soberanía del voto popular. No creo en el voto calificado, de forma inevitable pienso en Pino, hablando de ello con la soltura de alguien que ya lo pensaba, no como un exabrupto sino más bien como una convicción, y me pregunto qué opinará ahora sobre la gente culta de nuestra orbe que también le dio la espalda.
Digresión aparte, retomo, no creo en el voto calificado. Creo en el voto equivocado. También creo en el dolor autoinfligido. En una ciudad de zombies, repletos de smartphones, comiendo cerebros vivos, los pocos que van quedando.
Y sobre todo creo en la insensibilidad, en la falta de compromiso, en el egoísmo, en el "no te metás" y en "lo pasado, pisado". En la xenofobia que ve en cada inmigrante latinoamericano de tez oscura o trigueña a un enemigo, un ladrón o un narco, mientras que, obnubilada, hastiada de placer, se regodea con los "turistas" europeos o norteamericanos. Creo en el odio que nos tienen. El miedo que nos tienen.
En fin, creo que eso votaron: el odio, el miedo, la ignorancia, la insensibilidad, el egoísmo. Y además, votaron por la escuela privada antes que la pública. En la salud de los nuestros, a precios exorbitantes, y una curita y una aspirina, para ellos.
Votaron a la UCEP. Al vaciamiento del Colón.
A la peor imitación de Freddie Mercury que haya existido. A la peor interpretación de "We are the Champions" hecha y por hacer.
Votaron las netbooks de Clarín, tres veces más caras que las del plan nacional.
Eligieron las calles inunadas y sucias, intransitables. En la policía metropolitana, mueca graciosa de la de Nueva York, concebida corrupta desde su origen, adoctrinada por un procesado en la causa AMIA.
En definitiva, votaron a Mauricio, que es Macri.   

viernes, 6 de mayo de 2011

Lo que parece y lo que será

Cuando decidí crear este blog pensaba hacerlo enteramente con orientación profesional. Bien, no puedo sostenerlo con ese propósito. Pensé y pensé. Me senté y discutí con mis ideas, me tomé más de un mate. Me comí más de un paquete de Mogul, lo que decididamente no ayuda a pensar, y llegué a la conclusión de que un blog profesional es exactamente lo que no leería al momento de buscar una persona que lleve a buen puerto mis proyectos, sencillamente porque una persona es pasión, ardor, conflictos, miedos, alegrías y tristezas; frustraciones, búsquedas y encuentros, pero sobre todo, búsquedas infructuosas. También una persona convive con el esfuerzo cotidiano,  el sacrificio y finalmente, con las satisfacciones. He aquí el problema. Describir y escribir acerca de todo esto, no puede únicamente centrarse en lo profesional. De ninguna manera.
No podría ni por un momento sentir que  sólo soy mi trabajo. Tengo un hijo hermoso. Una novia fenomenal. Una familia antológica. Amigos de fierro y de los otros, aquéllos que de puro humildes se esconden y esperan que nos llegue el momento para compartir con ellos. Tengo una pasión indeclinable: el conocimiento. La política y la realidad me completan. La idea de justicia, la de los tribunales y la social, me obsesiona. Tengo una biblioteca abrazadora, de las que exigen atención y respeto. Tengo una guitarra que me ve poco y un bajo, prestado, que me ve bastante más que la guitarra pero sólo por el hecho de no tener lugar en el placard para guardarlo. Y tengo Aikido, que sospecho me ayudará a afrontar los difíciles momentos en la vida.
También tengo mi computadora, fiel amiga de siempre y que sufre la obstinada consecuencia de ser el cuchillo de palo en la casa de este herrero.
Sí, voy a escribir acerca de mi trabajo, de programación, de nuevas experiencias dentro de la tecnología, pero también le voy a dar lugar a todo esto porque tengo para mí que si un hombre sólo es su trabajo, es medio hombre.
Yo soy papá, hijo, hermano, novio, amigo.
Y por fin, programador.
Un hombre entero.