Soy inexcusablemente porteño. De modo que, tal como dicen, "a confesión de parte, relevo de pruebas". Tengo casi todos los vicios propios a mis conciudadanos. Suelo, y me equivoco, creer que vivo en el ombligo mismo del país. Aún cuando los que me conocen podrían dar fe de mis eternas ganas de emigrar de esta ciudad endiablada, sus calles húmedas, sus semáforos, sus olores y sabores, su pálida madrugada de transeúntes apurados, sus colectivos cada vez más grandes y cada vez más seguido, sus multitudes...son todas buenas razones para sentirme en casa. Conozco algunas ciudades del mundo, me es difícil encontrar otra que me interpele, me exija creatividad, me desafíe como ésta.
Sin embargo, me avergüenza.
Mis vecinos me avergüenzan. ¿Qué es lo que votan?
No reniego de la soberanía del voto popular. No creo en el voto calificado, de forma inevitable pienso en Pino, hablando de ello con la soltura de alguien que ya lo pensaba, no como un exabrupto sino más bien como una convicción, y me pregunto qué opinará ahora sobre la gente culta de nuestra orbe que también le dio la espalda.
Digresión aparte, retomo, no creo en el voto calificado. Creo en el voto equivocado. También creo en el dolor autoinfligido. En una ciudad de zombies, repletos de smartphones, comiendo cerebros vivos, los pocos que van quedando.
Y sobre todo creo en la insensibilidad, en la falta de compromiso, en el egoísmo, en el "no te metás" y en "lo pasado, pisado". En la xenofobia que ve en cada inmigrante latinoamericano de tez oscura o trigueña a un enemigo, un ladrón o un narco, mientras que, obnubilada, hastiada de placer, se regodea con los "turistas" europeos o norteamericanos. Creo en el odio que nos tienen. El miedo que nos tienen.
En fin, creo que eso votaron: el odio, el miedo, la ignorancia, la insensibilidad, el egoísmo. Y además, votaron por la escuela privada antes que la pública. En la salud de los nuestros, a precios exorbitantes, y una curita y una aspirina, para ellos.
Votaron a la UCEP. Al vaciamiento del Colón.
A la peor imitación de Freddie Mercury que haya existido. A la peor interpretación de "We are the Champions" hecha y por hacer.
Votaron las netbooks de Clarín, tres veces más caras que las del plan nacional.
Eligieron las calles inunadas y sucias, intransitables. En la policía metropolitana, mueca graciosa de la de Nueva York, concebida corrupta desde su origen, adoctrinada por un procesado en la causa AMIA.
En definitiva, votaron a Mauricio, que es Macri.